7 Recomendaciones para entrenar nuestra flexibilidad día a día

Ser flexible mantiene tu mente en buen estado  

La flexibilidad es más que una habilidad o capacidad para adaptarse a las circunstancias, es una virtud que marca un estilo de vida y que permite a las personas adaptarse a las presiones y dificultades. Así como la caña de bambú se mece sobre sí misma y se inclina llevada por el viento, una mente abierta se mueve y es capaz de generar cambios constructivos que permitan una mejor calidad de vida con capacidad de afrontar situaciones difíciles.

La rigidez mental es para aquellos que están llenos de prejuicios. Da la bienvenida a cualquier cambio que no te afecte en tu integridad y que sea positivo para tu vida. Después de todo, la vida ha sido una evolución desde tiempos inmemorables. Entender que los cambios son muchas veces inevitables ayuda a la mente a tener una buena capacidad de adaptación

7 Recomendaciones para entrenar nuestra flexibilidad día a día:

1)      Encuentra el equilibrio entre el pesimismo y el optimismo. Acostumbrarnos a hacer una recogida de perspectivas (buenas y malas, negativas y optimistas) puede ayudarnos a tomar decisiones más realistas y ajustadas a la verdadera multiplicidad del momento.

a12)     Desarrolla tu capacidad para adoptar perspectivas distintas: en terapia de pareja enfatizamos la importancia de tener en cuenta tres perspectivas distintas a la hora de abordar un conflicto; la nuestra propia, la de nuestro cónyuge y la de un observador neutral. En efecto, asumir que nuestra perspectiva no es la única posible y que siempre hay que ver la situación desde otros ojos, puede ayudarnos a inhibir conductas verdaderamente contraproducentes. Hablar con alguien cercano a nosotros, o bien escribirnos a nosotros mismos como si fuésemos un amigo externo, ayuda a salirnos de nuestra perspectiva y comprender que a veces hablamos influidos por pensamientos y emociones pero no por una consideración real del asunto.

3)      Comprende que no siempre las reglas empíricas tienen por qué cumplirse: a veces, por mucho que nosotros intentemos controlar o predecir lo que ocurrirá en el futuro, las cosas no siempre salen como nos imaginamos y hay que estar preparado para todo. Comprender que el futuro no existe y que la idea de que “sabemos lo que nos va a pasar” está más sujeto a una creencia que a la realidad en sí, permite descentrarnos de nuestros pensamientos y centrarnos en las consecuencias presentes de cada situación.

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4)     Progresa en tu capacidad para la atribución interna o situacional: en el análisis de las situaciones, la teoría nos dice que las personas tendemos a sobreestimar la importancia de los rasgos personales a la hora de explicar el comportamiento de los demás, obviando lo situacional y cometiendo multitud de errores. Ser consciente de este hecho nos hace ser más cautos y no presuponer intención “de más” a los actos del otro.

5)      Limita el verdadero peso de los pensamientos y las emociones: después de una discusión acalorada con nuestra pareja o nuestros hijos, solemos darnos cuenta de que a veces hemos hablado más por la emoción o los pensamientos sobre la otra persona que por la propia situación que ha causado el conflicto. Pararnos a reflexionar, escuchar nuestras emociones y reconocer y sustituir pensamientos automáticos por otros más acordes con nuestros seres queridos puede ayudarnos a ser más flexible y no caer en el “otra vez con lo mismo”

6)       Equilibra los deseos inmediatos con tus metas a largo plazo: los pensadores flexibles saben que como se sienten ahora no se van a sentir en una semana, ni siquiera en un mes; saber que en el alivio momentáneo no está la respuesta y que lo más importante es seguir nuestras metas a largo plazo, hacen centrarnos en lo importante y asumir que un capricho diario no viene mal si es lo que queremos, pero siempre teniendo en cuenta nuestros valores en el horizonte.

7)      No dependas de la sensación de (in)certidumbre: a todos nos gusta sentirnos seguros, pero lo contrario no predice necesariamente un mal resultado. En ocasiones, en el riesgo y en lo desconocido puede estar la clave a lo que nos ocurre y dotarnos de la capacidad suficiente para tirarnos  a la piscina.

 

¡En la práctica reside el desarrollo de toda capacidad!

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